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La sociedad de la nieve
y la tecnología

24 Enero de 2024

“Esta es la historia contada como siempre esperé que se contara”, afirmó Eduardo Strauch, uno de los supervivientes del trágico accidente aéreo en los Andes de 1972, refiriéndose a la última joya cinematográfica del catalán Juan Antonio Bayona, “La sociedad de la nieve”. El film trasciende el típico relato de supervivencia y no tiene nada que ver con la anterior película “Viven”, de 1993.

Con un detalle quirúrgico de lo que pasó, sumerge al espectador en la angustia, la desesperanza y la soledad que experimentaron los pasajeros; transforma la tragedia en una narrativa que cautiva a nivel visual y resuena a nivel emocional.

La razón de esta fidelidad narrativa e intensidad emocional podría atribuirse a los avances tecnológicos en la industria cinematográfica y al amor por el detalle de quienes han trabajado en la película de principio a fin. Con un meticuloso cuidado por la precisión, Bayona, junto con el autor del libro que dio origen a la cinta, Pablo Vierci, se aseguraron de recrear el accidente con precisión, desde el color del tapiz de los asientos hasta los olores y sensaciones experimentados por los supervivientes. Solo les faltó entrevistar al viento para asegurarse de que soplara de forma auténtica. Esta fidelidad, combinada con la tecnología moderna, ha permitido una representación inmersiva de la tragedia.

Tecnología previa a la filmación: entorno unreal y previsualización

La totalidad de los fondos en la película se digitalizó para reflejar con precisión las montañas de los Andes. Este esfuerzo monumental, uno de los retos tecnológicos más significativos de la producción, implicó que cada escena, sin excepción, se enriqueciera con sofisticados efectos visuales. Todos los planos, absolutamente todos, tienen efectos especiales.

Para narrar la historia con el mayor realismo, el equipo adoptó una aproximación tecnológica desde el principio. Se embarcaron en una expedición al lugar del accidente, capturaron con detalle los paisajes reales mediante helicópteros, drones y una variedad de equipos, y recrearon fielmente aquel espacio en un entorno virtual. La adopción de la tecnología Unreal Engine les permitió diseñar y visualizar por avanzado los escenarios montañosos de los Andes con un nivel de detalle y realismo sorprendente. Esta herramienta ofrecía la flexibilidad para navegar por los Andes virtualmente con una cámara idéntica a la que se utilizaría durante el rodaje, además de la capacidad para ajustar aspectos como la iluminación y el tiempo. Esto proporcionó las herramientas necesarias para perfeccionar los fondos en tiempo real, planificar meticulosamente cada aspecto del rodaje, optimizar el proceso de filmación y asegurar la autenticidad visual de la película.

La filmación

Con pleno conocimiento sobre cómo se desarrollaría el rodaje gracias a esta exhaustiva planificación previa, el proyecto evolucionó hasta su filmación en Sierra Nevada, la cordillera más elevada de España. Bayona y su equipo, utilizando restos de fuselajes de tres aviones Fairchild Hiller FH-227 que en conjunto pesaban 6.8 toneladas, lograron replicar con perfecta precisión el lugar del accidente. La elección de este modelo no es casual: fue uno de los primeros aviones diseñados específicamente para rutas cortas y aeropuertos de difícil acceso. Este cuidado en la reconstrucción no se limitó a lo visual, sino que también buscó captar la verdadera esencia de lo que los supervivientes vivieron. Por eso, numerosos espectadores describen ver la película como una experiencia inmersiva.

El equipo de producción empleó tres principales escenarios con los restos de fuselaje. El primero, a 2.000 metros de altura en la Laguna de las Yeguas, fue el telón de fondo de las escenas clave, donde los actores interactuaron con la nieve real, algo que llevó a Bayona a soñar con playas tras el rodaje. El segundo, una estructura temporal en un aparcamiento de Sierra Nevada, usó pantallas LED para proyectar las imágenes capturadas previamente en los Andes, lo que sirvió para filmar los interiores y escenas que no pudieron grabar en la montaña debido a condiciones atmosféricas insoportables. Finalmente, se construyó un Backlot de 100 m x 100 m que replicaba la montaña y contaba con un ascensor para ajustar la posición del avión bajo la nieve, lo que permitió filmar escenas complejas, como el devastador alud.

Algunas imágenes del rodaje en Sierra Nevada (granadahoy.com)

La elección de rodar en orden cronológico resultó clave, pues sumergió a los actores en la evolución de sus personajes, desde deportistas vigorosos hasta figuras desgastadas y agotadas. La entrega del elenco superó todas las expectativas. Con más de 1000 candidatos en el casting, actores como Enzo Vogrincic, intérprete de Numa Turcatti, experimentaron transformaciones físicas drásticas: se sometieron a dietas estrictas para reflejar la realidad de los supervivientes (no nos preocupemos, todo bajo la supervisión de nutricionistas).

La cuidada dedicación se extendió a la posproducción y efectos especiales, con pantallas gigantes y un meticuloso trabajo de efectos visuales para ofrecer una experiencia visual auténtica y orgánica.

La secuencia del alud

La secuencia del alud marca uno de los momentos más angustiantes de la película, en el que se muestra cómo los 19 supervivientes enfrentaron el sorpresivo alud en su refugio provisional bajo tierra. Para alcanzar el nivel de realismo necesario, Bayona optó por realizar la filmación en un estudio, donde utilizó la nieve auténtica del lugar.

Bayona adoptó un enfoque innovador al emplear una cabina de 14 metros, reducida a 8 durante la filmación del alud, y al cubrir a los actores con nieve real mediante una grúa. Esta técnica no solo aportó realismo visual, sino que también expuso al elenco a un frío extremo, lo que intensificó la veracidad de sus interpretaciones. El vapor visible en las tomas sirve como prueba del genuino frío que los actores soportaron, una decisión que, en palabras de Bayona, reforzó la intensidad y el realismo de esta impactante secuencia.

La representación del accidente aéreo

El accidente aéreo, un momento clave de la película, recibió un tratamiento minucioso y respetuoso por parte de Bayona. El director capturó esta escena a 5 mil metros de altura. Empleando la previsualización, planificó meticulosamente la filmación con tres sets diferentes, cada uno diseñado para captar distintos aspectos del accidente con un realismo estremecedor: un fuselaje completo para las primeras turbulencias, la tercera parte de un fuselaje para las inclinaciones más duras, y una línea de asientos para los detalles más duros.

La filmación buscó capturar la perspectiva de los pasajeros reales, con asientos especiales y efectos digitales en posproducción para mostrar la devastadora ruptura del avión. La combinación de técnicas de filmación tradicionales, efectos digitales avanzados y un trabajo de sonido en postproducción creó una intensa y muy emotiva experiencia cinematográfica.

El fruto de la colaboración entre 300 profesionales, tres equipos distintos y más de 100 días de rodaje (excluyendo la pre y postproducción) es esta obra maestra cinematográfica, disponible en Netflix desde principios de enero. Para Pablo Vierci, “La sociedad de la nieve” es una narrativa impregnada de incertidumbre y miedo, pero también de una resistencia y solidaridad profundamente humanas. Bayona, con su habilidad única para captar la psique y emociones humanas, ha dado vida a esta historia con una experiencia cinematográfica que va más allá de la pantalla. En palabras de Bayona, su visión era más que contar un acontecimiento; él quería sumergirse en las complejidades y contradicciones de la existencia, tejer una trama donde lo incomprensible y lo profundamente humano convergen en amor, sacrificio y devoción. Y la mezcla de tecnología y sensibilidad ha ayudado a ello. Como un pez que se muerde la cola, una no funciona sin la otra.

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